lunes, 16 de abril de 2012

Juventud militante y no espectadora

Gerardo Torres Zelaya (*)
Pre Candidato a Coordinación Juventud Partido Libertad y Refundación (LIBRE)
Honduras, Centro América
Abril, 2012

La diferencia entre un militante y un espectador radica principalmente en su capacidad real de incidir en los procesos sociales. Ya que no se le pueden pedir los mismos resultados a un deportista o un actor que a un aficionado cuya expresión más grande podría ser el grito desde las graderías para homenajear o repudiar el accionar de otros u otras.

Honduras necesita militantes políticos porque tradicionalmente nos han sobrado espectadores. En la política tradicional el papel protagonista se le ha dado a la oligarquía y a sus fieles seguidores, el pueblo había sido por muchos años un simple avalador de procesos ajenos que le afectaban dramática y directamente sin que su opinión importara ni un poco.

Hoy en día la opinión del pueblo hondureño pesa y vale, y esto es un derecho que nos hemos ganado en las calles por no dejar de luchar y seguir tratando siempre de organizarnos mejor.

Juventud LIBRE

La Resistencia Popular creó el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) como una herramienta para derrotar al bipartidismo de la oligarquía y la injerencia en Honduras del imperialismo norteamericano. Esa herramienta es de la resistencia y como tal debe responder siempre a los objetivos del pueblo que está en camino de su liberación. El objetivo de LIBRE es hacer camino para la victoria popular.

Esto debe responder a un proceso estructurado de militancia política. Ya que son los y las militantes las que desarrollan los procesos de largo plazo; la militancia no se sorprende por la coyuntura ni romancea con hazañas más allá de las que el trabajo concreto les permite aspirar.

Un militante y una militante forman, organizan, comunican, agitan, analizan, instruyen, representante a su Partido de la forma más dedicada y comprometida, pelean por su partido para que nunca olvide los objetivos por los que fue creado y se aseguran que siempre el partido sea del pueblo hondureño, nunca de los sectores privatizadores de los recursos, de los derechos y de la vida.

Esta es la meta que tenemos para la Juventud de LIBRE, que sea un espacio que llene de energía a toda la estructura partidaria, que se sume a la creación de una ideología propia de la Resistencia Popular, que unifique en las ideas y en las tareas a todas las expresiones que conforman el conglomerado de la resistencia.

La Juventud de Partido debe ser militante y no activista. Es por esto que estamos trabajando a nivel nacional, desde la corriente Fuerza de Refundación Popular (FRP), en la elaboración de una propuesta que sea capaz de unir a todas las expresiones y corrientes de la juventud con las que cuenta el Partido LIBRE para que podamos contar con suficientes cuadros políticos que aceleren el proceso de organización, formación y consolidación de la militancia en todo el territorio nacional.

La militancia joven de LIBRE tendrá la responsabilidad de apoyar los procesos organizativos en todos los niveles de la sociedad desde las calles del barrio, la ladera del campo, las aulas del colegio o la universidad y por supuesto el lugar de trabajo sin importar cuál este sea.

La construcción de la Juventud de LIBRE no se da con una votación, aunque parta de ahí, si no que es un proceso que requerirá del trabajo de todos y todas, del ímpetu de las nuevas generaciones y del conocimiento de las generaciones más experimentadas.

Nosotros y nosotras estamos planteando disciplina y entrega para hacer de esta generación el arma más fuerte y precisa en el enfrentamiento que libramos contra el enemigo histórico del pueblo. La Resistencia Popular encontrará en esta juventud el respaldo y la guía que necesita para las distintas tareas de la lucha.

La Coordinación de la Juventud del Partido LIBRE no es sola una meta personal, sino el compromiso de toda una generación que hemos venido trabajando en muchas trincheras y jornadas por ya varios años y que en esta ocasión me toca la responsabilidad de encabezar.

Solo me queda invitar a quienes quieran sumarse en este proceso de construcción de una estrategia general para toda la Juventud del Partido LIBRE a que lo hagan ya que las puertas están abiertas, y claro está si hay otros compañeros o compañeras del FRP que desean participar decirles que nosotros con gusto estamos listos para debatir y garantizar que la propuesta que presente nuestra corriente mantenga firmes los objetivos y aspiraciones que nos aglutinan.

A las demás corrientes decirles que este proceso es de todos y todas y que siempre estaremos dispuestos y dispuestas para toda posibilidad de construcción colectiva en medio de una participación fraterna en el proceso eleccionario interno de nuestro Partido LIBRE.

Hemos aprendido a Resistir, a Avanzar y a Vencer.
___________

(*) Gerardo Torres Zelaya tiene 27 años es Licenciado en Periodismo con amplia experiencia en medios de comunicación nacionales e internacionales, miembro de la Dirección del Frente Nacional de Juventudes en Resistencia (FNJR), ex dirigente estudiantil en la UNAH y miembro del Secretariado de la Organización Política Los Necios.

Nota tomada de "amigos de los necios" group:
amigos_de_los_necios@googlegroups.com

Mujeres cuidadoras: Entre obligación y satisfacción

Viernes, abril 13, 2012
Por Marcela Lagarde
Cuidar es, en el momento actual, el verbo más necesario frente al neoliberalismo patriarcal y la globalización inequitativa. Y, sin embargo, las sociedades actuales, como muchas del pasado, fragmentan el cuidado y lo asignan como condición natural a partir de las organizaciones sociales: la de género, la de clase, la étnica, la nacional y la regional-local.

Así, son las mujeres quienes cuidan vitalmente a los otros (hombres, familias, hijas e hijos, parientes, comunidades, escolares, pacientes, personas enfermas y con necesidades especiales, al electorado, al medio ambiente y a diversos sujetos políticos y sus causas). Cuidan su desarrollo, su progreso, su bienestar, su vida y su muerte. De forma similar, mujeres y hombres campesinos cuidan la producción y la tierra y las y los obreros la producción y la industria, la burguesía cuida sus empresas y sus ganancias, el libre mercado y hasta la democracia exportada a «países ignorantes».

La condición de cuidadoras gratifica a las mujeres, afectiva y simbólicamente, en un mundo gobernado por el dinero y la valoración económica del trabajo y por el poder político. Dinero, valor y poder son conculcados a las cuidadoras. Los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno y tampoco pueden ser trasladados del ámbito familiar y doméstico al ámbito del poder político institucional.


La fórmula enajenante asocia a las mujeres cuidadoras otra clave política: el descuido para lograr el cuido. Es decir, el uso del tiempo principal de las mujeres, de sus mejores energías vitales, sean afectivas, eróticas, intelectuales o espirituales, y la inversión de sus bienes y recursos, cuyos principales destinatarios son los otros. Por eso, las mujeres desarrollamos una subjetividad alerta a las necesidades de los otros, de ahí la famosa solidaridad femenina y la abnegación relativa de las mujeres. Para completar el cuadro enajenante, la organización genérica hace que las mujeres estén políticamente subsumidas y subordinadas a los otros, y jerárquicamente en posición de inferioridad en relación con la supremacía de los otros sobre ellas.

Sincretismo género o mujeres tradicionales-modernas

Las transformaciones del siglo XX reforzaron para millones de mujeres en el mundo un sincretismo de género: cuidar a los otros a la manera tradicional y, a la vez, lograr su desarrollo individual para formar parte del mundo moderno, a través del éxito y la competencia. El resultado son millones de mujeres tradicionales-modernas a la vez. Mujeres atrapadas en una relación inequitativa entre cuidar y desarrollarse.

La cultura patriarcal que construye el sincretismo de género fomenta en las mujeres la satisfacción del deber de cuidar, convertido en deber ser ahistórico natural de las mujeres y, por tanto, deseo propio y, al mismo tiempo, la necesidad social y económica de participar en procesos educativos, laborales y políticos para sobrevivir en la sociedad patriarcal del capitalismo salvaje. Así, el deseo de las mujeres es contradictorio: lo configura tal sincretismo.

Los hombres contemporáneos no han cambiado lo suficiente como para modificar ni su relación con las mujeres, ni su posicionamiento en los espacios domésticos, laborales e institucionales. No consideran valioso cuidar porque, de acuerdo con el modelo predominante, significa descuidarse: Usar su tiempo en la relación cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con los otros. Dejar sus intereses, usar sus recursos subjetivos y bienes y dinero, en los otros y, no aceptan, sobre todo, dos cosas: dejar de ser el centro de su vida, ceder ese espacio a los otros y colocarse en posición subordinada frente a los otros. Todo ello porque en la organización social hegemónica cuidar es ser inferior.

Algunas tendencias minoritarias se abren paso, pero incluso hombres que se pronuncian por relaciones equitativas están más dispuestos a ser amables con las mujeres o sumarse a algunas de las causas políticas del feminismo, que a hacer política feminista.

El cuidado pues está en el centro de las contradicciones de género entre mujeres y hombres y en la sociedad en la organización antagónica entre sus espacios. El cuidado como deber de género es uno de los mayores obstáculos en el camino a la igualdad por su inequidad. De ahí que, si queremos enfrentar el capitalismo salvaje y su patriarcalismo global, debemos romper con la naturalidad del cuidado por género, etnia, clase, nación o posición relativa en la globalización.

El feminismo del siglo XX ha realizado la crítica del modelo superwoman y ha denunciado la explotación de las mujeres a través del trabajo invisible y de la desvalorización de muchas de sus actividades, incluso del trabajo asalariado, de la relativa exclusión de la política y de la ampliación de una cultura misógina simbólica e imaginaria. Ha logrado llevar a la agenda de las necesidades sociales, la violencia contra las mujeres, y ha realizado pequeñas modificaciones jurídicas y legislativas en el Estado. Algunas corrientes contemporáneas ya no reiteran la desigualdad ni la violencia de género y, en cambio, acuerdan con la igualdad entre mujeres y hombres y por un mundo equitativo.

Sin embargo, nos queda por desmontar el deber ser, el deber ser cuidadoras de las mujeres, la doble jornada y la doble vida resultante. Y eso significa realizar cambios profundos en la organización socioeconómica: en la división del trabajo, en la división de los espacios, en el monopolio masculino del dinero, los bienes económicos, y en la organización de la economía, de la sociedad y del Estado. El panorama se vuelve complejo si se traslada el análisis con perspectiva de género a las relaciones entre clases sociales y entre países, por ejemplo entre países del norte y del sur, entre los 21 y los otros, etcétera.

Se requieren, a la vez, cambios profundos en las mentalidades. Es extraordinario observar cómo la mayoría de las mujeres, aún las escolarizadas y modernas, las políticas y participativas, las mujeres que generan ingresos o tienen poderes sociales diversos, aceptan como un destino, con sus modalidades, la superwomen-empresarial, indígena, migrante, trabajadora, obrera.

Con esa subjetividad de las mujeres subordinada a la organización social, a las instituciones como la familia, la Iglesia y el Estado, y a los hombres, no estaremos en condiciones de desmontar la estructura sincrética de la condición de la mujer, imprescindible para eliminar las causas de la enajenación cuidadora y dar paso a las gratificaciones posibles del cuidado.

La socialización de los cuidados

La vía imaginada por las feministas y las socialistas utópicas desde el siglo XIX y puesta en marcha parcialmente en algunas sociedades, tanto capitalistas como socialistas, y tanto en países del primer como del tercer mundo, ha sido la socialización de los cuidados, conceptualizada como la socialización del trabajo doméstico y de la transformación de algunas actividades domésticas, familiares y privadas, en públicas.

Haberlo hecho ha significado mejoría para la vida de las mujeres, liberación de tiempo para el desarrollo personal, la formación, el arte, el amor y las pasiones, la amistad, la política, el ocio, la diversión, el deporte y el autocuidado, incluso, una mejoría en la calidad de vida y en la autoestima. Es evidente el desarrollo social, cultural y político de las sociedades que así se han estructurado.

Una de las mayores pérdidas de las mujeres de los países que antes fueron socialistas y se han convertido de manera drástica al capitalismo en tiempos neoliberales ha sido la del sustento social que significaba el Estado social para sus vidas. En la actualidad han vuelto a ser su responsabilidad un conjunto de actividades que la transformación socioeconómica ha tornado domésticas, privadas y femeninas. Y lo mismo está sucediendo aun en países capitalistas de alto y medio desarrollo, en los cuales se ha adelgazado al Estado de una manera violatoria de los derechos sociales construidos con muchos esfuerzos en gran medida por los movimientos socialistas, obrero y feminista.

La alternativa feminista contemporánea que se abre paso en gran parte del mundo en el siglo XXI tiene sus ojos puestos en la crítica política de la globalización dominada por el neoliberalismo patriarcal de base capitalista depredadora. La opción que busca avanzar en el desarrollo de un nuevo paradigma histórico, cuya base sea un tejido social y un modelo económico que sustente el bienestar de las mayorías, hoy excluidas, marginadas, expropiadas, explotadas y violentadas.

Pensamos que solo una alternativa de este tipo será benéfica para la mayoría de las mujeres, sus otros próximos, sus comunidades y las regiones y los países en que viven.

Estas transformaciones de género están circunscritas e íntimamente ligadas a transformaciones equitativas de clase, étnicas y nacionales, enmarcadas en la construcción de naciones con derecho al desarrollo sustentable y en una globalización solidaria y democrática.

De no articularse las transformaciones de género con estas últimas pueden observarse distorsiones significativas como las que se dan en la actualidad: mujeres dotadas de recursos y derechos de género que son ciudadanas de naciones hegemónicas, militaristas y depredadoras de otras naciones y pueblos donde habitan mujeres con las que se identifican en la construcción de sus derechos y oportunidades.

Empoderamiento de las mujeres como nuevo paradigma histórico

También hay hombres cuya identidad es la de ser avanzados, democráticos y progresistas que no consideran importante la emancipación de las mujeres. Estados que colocan a las mujeres entre los grupos vulnerables y no las miran como sujetos políticos. Países en los que, a través de las acciones afirmativas, por ejemplo las cuotas, todavía negociamos el grado de exclusión política de las mujeres, y se consideran democráticos. Mujeres que piensan que ya lograron todas las metas de transformación de género y no se percatan que «el género» es su categoría social y a ella pertenece la mayoría pobre y cuidadora del mundo: las mujeres.

Por eso, la otra dimensión de esta alternativa feminista es el empoderamiento de las mujeres como producto de la construcción de un nuevo paradigma histórico. El empoderamiento es el conjunto de cambios de las mujeres en pos de la eliminación de las causas de la opresión, tanto en la sociedad como, sobre todo, en sus propias vidas.

Dichos cambios, que abarcan desde la subjetividad y la conciencia hasta el ingreso y la salud, la ciudadanía y los derechos humanos, generan poderes positivos, poderes personales y colectivos. Se trata de poderes vitales que permiten a las mujeres hacer uso de los bienes y recursos de la modernidad indispensables para el desarrollo personal y colectivo de género en el siglo XXI.

Todos esos poderes se originan en el acceso a oportunidades, a recursos y bienes que mejoran la calidad de vida de las mujeres, conducen al despliegue de sus libertades y se acompañan de la solidaridad social con las mujeres. La participación directa de las mujeres en la transformación de su mundo y de sus vidas es fundamental y conduce también a la construcción de un mayor poder político y cultural que crean vías democratizadoras para la convivencia social.

El cuidado ha dejado de ser para otros y se ha centrado en las mujeres mismas. La sociedad, en un compromiso inédito, cuida a las mujeres, es decir, impulsa su desarrollo y acepta y protege su autonomía y sus libertades vitales. En ellas va incluida la libertad de elecciones vitales, de actividades, dedicación e identidad: Es el fin del cuidado como deber ser, como identidad.

En el siglo XXI ha de cambiar el sentido del cuidado. Hemos afirmado muchas veces que se trata de maternizar a la sociedad y desmaternizar a las mujeres. Pero ese cambio no significará casi nada si no se apoya en la transformación política más profunda: la eliminación de los poderes de dominio de los hombres sobre las mujeres y de la violencia de género, así como de la subordinación de las mujeres a los hombres y a las instituciones. Es decir, el empoderamiento de las mujeres es un mecanismo de equidad que debe acompañarse con la eliminación de la supremacía de género de los hombres, la construcción de la equidad social y la transformación democrática del Estado con perspectiva de género.

Para la mayor parte de las corrientes feministas contemporáneas, la articulación de lo personal con lo social, lo local y lo global conforma la complejidad de nuestro esfuerzo.

La idea fuerza en torno al cuidado es la valoración de la dimensión empática y solidaria del cuidado que no conduce al descuido ni está articulado a la opresión.

De ahí la contribución de las feministas: primero, al visibilizar y valorar el aporte del cuidado de las mujeres al desarrollo y el bienestar de los otros; segundo, con la propuesta del reparto equitativo del cuidado en la comunidad, en particular entre mujeres y hombres, y entre sociedad y Estado. Y, tercero, la resignificación del contenido del cuidado como el conjunto de actividades y el uso de recursos para lograr que la vida de cada persona, de cada mujer, esté basada en la vigencia de sus derechos humanos. En primer término, el derecho a la vida en primera persona.

Ciudad de México, septiembre del 2003

REVISTA MUJERES

Islandia, el país del poder femenino



Marzo 19, 2012  |  Sección: Artículos de interés
  • Fuente - Autor/a: El País - Por John Carlin
La ambición desmedida de sus banqueros y la ilusión de alcanzar una riqueza repentina llevaron al país nórdico a la bancarrota casi total, de la que ahora resurge gracias a un nuevo liderazgo, dominado por las mujeres en casi todos los órdenes y guiado por un concepto clave: la sostenibilidad. En Reykjavik hay un espléndido edificio de cristal negro, grande y hermoso frente al mar, en un lugar en el que hace tres años no existía más que un solar vacío. Lo sé porque estuve allí hace tres años, en un momento terrible para Islandia, un país arruinado por la excesiva testosterona de sus banqueros, el primero en sucumbir a la recesión, el que sufrió la caída más dura. En aquellos primeros meses de la crisis, la pequeña, rota y desesperada Islandia (población: 320.000) constituyó un anuncio del Apocalipsis para las grandes naciones de Europa occidental. Sin embargo, hoy, ahí está ese edificio nuevo y reluciente, una imagen de opulencia y modernidad tan extraordinaria como el Museo Guggenheim de Bilbao, estrambóticamente fuera de lugar en esta Lilliput nórdica de casitas de Lego pintadas de rojo, amarillo y azul. No podía apartar la vista del edificio, ni de día ni -sobre todo- de noche, cuando su multitud de ventanas asimétricas y marcos irregulares cambiaba continuamente de colores, como en una imitación líquida de la aurora boreal.

¿Qué ocurrió en Islandia? ¿Qué ha ocurrido en estos tres años para que surja, de las cenizas del desastre económico, una construcción tan extravagante? Lo que ha ocurrido es que las mujeres se han hecho cargo del país y lo han arreglado. Y ese edificio, el primer auditorio nacional de conciertos en la historia de Islandia, donde la compañía nacional de ópera representa en estos días, con el aforo completo, La Bohème, de Puccini, es la encarnación del cambio que se ha vivido. Porque nos dice que Islandia no se hundió, que el país ha vuelto a levantarse, y porque la persona que decidió construirlo o, más bien (y con algo más de polémica), no interrumpir su construcción después del crac financiero, fue una mujer.

Quería conocer a esa mujer. No por los motivos habituales que empujan a los periodistas a escribir sobre mujeres poderosas -porque hubiera triunfado en un mundo de hombres-, sino precisamente por todo lo contrario. Porque esa mujer simboliza una tendencia en Islandia, o, más que una tendencia, una revolución, un golpe de Estado. Desde que se produjo la crisis, y como reacción directa y deliberada ante ella, las mujeres se han adueñado de las palancas del poder, y lo han hecho en los ámbitos que más importan, en los que más influencia se ejerce sobre el destino nacional: el gobierno, la banca y, en creciente medida, las empresas.

Los tres bancos principales de Islandia quebraron en octubre de 2008 y dejaron deudas que ascendían a más de 10 veces el PBI del país. Islandia, que hasta entonces ocupaba el primer puesto en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (es decir, el mejor sitio para un ser humano en el planeta Tierra), se encontró mucho más allá de la bancarrota. Y se echó la culpa a los hombres. Los hombres les echaron la culpa a los hombres. En el partido del gobierno dominaban los hombres, los banqueros casi sin excepción eran hombres y los temerarios, absurdamente ambiciosos, impulsos que condujeron a una pequeña nación de pescadores a creer que todos se estarían bañando en champán francés por el resto de sus días eran categóricamente, exclusivamente, decididamente masculinos. Así que entonces, como comentó el Financial Times en aquel momento, aparecieron las mujeres para arreglar el lío. El primer ministro fue sustituido por la primera mujer en la historia de Islandia en ocupar el cargo, Jóhanna Sigurdardóttir (gay y casada, con dos hijos de un fallido matrimonio anterior con un hombre), que continúa ejerciéndolo hoy. Las mujeres constituyen la mayoría del gobierno, cinco carteras ministeriales, frente a cuatro hombres. Se despidió a los consejeros delegados (todos varones) de los bancos que habían quebrado, se cambió de nombre a las entidades y se colocó en sus cargos a mujeres. Cada vez más mujeres se hacen empresarias o empiezan a aparecer en los consejos de administración de empresas privadas. Por escoger entre numerosos ejemplos, la consejera delegada de la mayor compañía de seguros de Islandia en la actualidad es una mujer, igual que la responsable para el país de Rio Tinto Alcan, que encabeza el poderoso sector nacional del aluminio.

PENSAR COMO MUJERES

El tema, desde Margaret Thatcher, es que las mujeres en puestos de poder son, por necesidad, damas de hierro, que triunfan a base de pensar como hombres. La proposición que me planteé explorar en Islandia fue si el cambio había sido lo suficientemente profundo como para que a los hombres no les haya quedado más remedio ahora que pensar como mujeres.

En Islandia, todo el mundo conoce a todo el mundo. Todos son primos, de una forma u otra. De modo que, cuando pregunté a varias personas si me podían poner en contacto con la mujer de la sala de conciertos, cuyo título exacto es, desde febrero de 2009, ministra de Educación, Ciencia y Cultura, todo el mundo sonrió de inmediato: “¡Ah, Katrin!”

“Se quedará asombrado cuando la vea”, me dijeron. “Tiene tres hijos, pero nadie lo diría.” “Es muy brillante.” “Sí, tremendamente inteligente.” “¡Pero parece que tiene 12 años!” Esto último era una exageración. La persona que se me acercó, con la mano extendida, cuando estaba sentado en una pequeña sala de espera del ministerio tenía aspecto de tener 16 años, por lo menos. Menos mal que me lo habían advertido, pensé; si no, nunca habría creído que era quien decía ser, la ministra Katrin Jakobsdottir, por si fuera poco vicepresidenta del partido socialdemócrata -oficialmente denominado Verdes de Izquierda-, que ocupa el poder. Botas Dr. Martens, jeans marrones, pelo lacio, esbelta, menuda: parecía una becaria en su primer día en la oficina, o la hermana menor, más dulce y menos seca, de la chica del dragón tatuado de Stieg Larsson. En realidad tenía 36 años y acababa de volver de disfrutar de su permiso de maternidad tras el nacimiento de su tercer hijo. Totalmente segura de sí misma (si sentía alguna incomodidad al tener como despacho un imponente salón ministerial, no lo delató) y tan lista como me habían dicho que era, no necesitó que le hiciera ni una pregunta para saber cuál era el primer tema que quería abordar con ella.

“Una de las primeras decisiones que tuve que tomar en este puesto fue si seguir adelante con el auditorio nacional o no”, dijo. Cuando asumió el cargo, hace tres años, me explicó, los cimientos estaban construidos, pero no había nada visible sobre tierra. El problema no era sólo que la economía nacional estuviera destruida; el multimillonario que había concebido el proyecto, un hombre llamado Bjorgolfur Gudmundsson, que, entre otros excesos, había comprado el equipo de fútbol West Ham United, de Londres, se había quedado sin un céntimo. “Así que me reuní con la gente del Ayuntamiento de Reykjavik para decidir si debíamos seguir adelante con fondos públicos, suspender la construcción hasta que llegaran tiempos mejores o dar por terminado el proyecto. Decidimos seguir adelante.”

¿Por qué? “En parte, porque había 600 personas involucradas en la obra, en parte, porque llevábamos 40 años hablando de construir una sala de conciertos para nuestra orquesta sinfónica y pensamos que, si no lo hacíamos ahora, nunca lo haríamos, pero también porque pensamos que no seguir con el proyecto daría a la gente la sensación de que se prolongaba la crisis.” ¿Habría sido malo para la moral nacional que se interrumpiera, entonces? ¿Seguir adelante tenía un valor añadido que era superior al costo? “Sí. Exacto. Nos vimos obligados a hacer grandes recortes presupuestarios en todo el sector público, pero decidimos seguir. En su momento hubo mucha controversia, pero creo que ahora está desapareciendo. El auditorio se inauguró en la primavera de 2011 y, desde entonces, han acudido más de 800.000 visitantes. A la gente le encanta. Islandia es un país con una gran vida musical, y también somos un país con mucha determinación y mucha ambición. El edificio ha sido un símbolo y una inspiración para los islandeses”.

Un símbolo, entre otras cosas, del regreso a la salud económica. Jakobsdottir reconoció que las cosas podrían estar mejor, que la deuda hipotecaria de la gente corriente sigue siendo elevada, que las inversiones son bajas y que en Islandia, hoy, hay desempleo (justo por debajo del 7%), mientras que antes, no. El nivel de vida, en otro tiempo el más alto del mundo, ha caído, y la gente trabaja más por menos dinero. Pero, como observó el premio Nobel de Economía Paul Krugman tras una visita reciente a Islandia, “las cosas podrían estar mucho peor”, y aunque ése “no es el eslogan más estimulante del mundo…, cuando todo el mundo preveía un desastre total, equivale a un triunfo político”.

Las cifras apuntan a un grado de solidez casi inimaginable hace tres años. El presupuesto estatal está casi equilibrado, las exportaciones superan a las importaciones, la moneda es estable y, el año pasado, el FMI publicó un informe halagüeño. Como prueba de la normalidad que se ha instalado donde antes acechaba el Apocalipsis, el debate central entre los partidos de izquierda y derecha en el Parlamento es hoy la eterna y rutinaria cuestión de si hay que subir o bajar los impuestos. O si, después de haber recurrido con éxito a la devaluación de la moneda como mecanismo para recobrar la salud, ahora convendría incorporarse al euro.

Pero en lo que todos los parlamentarios están de acuerdo es en que la época del capitalismo de enriquecimiento rápido se ha terminado. La palabra clave, hoy, es sostenibilidad, y todos los partidos la repiten en sus declaraciones públicas. Y la sostenibilidad, en opinión de la ministra Jakobsdottir, es un concepto más femenino que masculino. Ella lo explica así: “Mucha gente achacó los excesos de los banqueros que nos causaron tantos problemas a una cultura masculina”. “En 2009, todo el mundo decía: «Lo que necesitamos es menos pensamiento de chulería masculina y más mujeres con ideas pragmáticas y estratégicas». Lo que hemos aprendido desde entonces es que si queremos permanecer alejados de la crisis y construir, todos sabemos que hay que pensar no en el futuro inmediato, sino en los próximos 10 o 20 años. Esa no es la forma de pensar de un gobierno dominado por hombres; ésa es una manera de pensar femenina”.

Le pedí que me dijera en qué terrenos concretos se podían detectar estos cambios. “Hay muchos ejemplos. En general la influencia femenina se ve en este énfasis que le damos al desarrollo sostenible, en construir la economía pensando a largo plazo, de manera fiable y segura. Las mujeres piensan en esos términos porque está en su naturaleza. Un ejemplo más específico: cómo estamos encarando los temas de los impuestos y los presupuestos. La idea es analizar los diferentes impactos que el sistema tiene sobre los hombres y las mujeres, y ver cómo podemos ajustarlo para generar más igualdad entre los géneros. También se ve la influencia femenina en la discusión sobre el empleo. Los hombres se centran en cosas como la industria del aluminio. Nosotras hablamos de los sectores creativos. Hemos llegado a la conclusión de que las artes -en especial la música y la literatura- aportan tanto dinero al país como la extracción de aluminio. No creo que a los hombres se les hubiera ocurrido ni pensarlo.”

Un dato que asombra en Islandia es que un país de 320.000 habitantes posea tal abundancia de talento artístico, sobre todo en la música, donde, aparte de una ópera nacional y una orquesta sinfónica nacional, existen numerosos grupos contemporáneos que producen todo tipo de cosas, desde la globalmente aclamada Björk hasta el trabajo experimental y esotérico de Kria Brekkan, que ha triunfado en Nueva York y con quien me encontré por casualidad delante del auditorio nacional. Aproveché para preguntarle si estaba de acuerdo en que las mujeres habían cambiado Islandia. Ojalá hubiera grabado su respuesta. Fue de una lucidez cristalina. En resumen, vino a decir que sí, “la fuerza masculina” que había definido el período en que los islandeses habían intentado jugar a los bancos y convertirse en el pueblo más rico del mundo había sido reemplazada por una “fuerza femenina que está en la tierra, que no apunta a las estrellas, y que busca plantar raíces y trabajar para un futuro seguro”.

Hablé con muchas otras mujeres, y todas expresaron variaciones de la misma idea. Audur Bjork Gudmundsdottir, directora ejecutiva en una compañía de seguros, dijo que los problemas de Islandia partían de que la gente había estado corriendo demasiado de prisa, lanzándose a grandes aventuras sin examinar los detalles de lo que estaba haciendo. “Hoy, en los consejos de administración de las empresas, en los que se ve cada vez a más mujeres, se hace hincapié en la responsabilidad, no en correr riesgos ni en intentar hacer mucho dinero muy rápido.”

Birna Einarsdottir, una de las consejeras delegadas de bancos nombradas para desplazar a los hombres inmediatamente después de la crisis de 2008, dice que la gran lección que han aprendido los islandeses mientras salían de la recesión y entraban en el crecimiento ha sido: “Atenernos a lo que sabemos; no pasarnos de listos”. “¿Quién dijo que los islandeses eran los mejores banqueros del mundo? ¿De dónde salió esa idea? De modo que, ahora, la regla es ser humildes, conocer nuestras limitaciones y aprovechar nuestras ventajas. Y, en vez de pensar que sabemos todo, hacer preguntas; pedir ayuda”. Que es lo que hacen las mujeres, no los hombres.

De lo que de verdad entienden los islandeses, dijo Einarsdottir, es de pesca, que hoy tiene muchos más beneficios que antes de la crisis. Un ejemplo es una mujer de nombre impronunciable, Sjöfn Sigurgisladottir, que dejó en 2009 su puesto de directora ejecutiva de un organismo estatal dedicado a la seguridad alimentaria para crear una empresa de pesquería y piscifactoría con otras dos socias. Calculan que, para 2014, habrán creado 100 puestos de trabajo y estarán vendiendo más de 2000 toneladas anuales de tilapia nórdica (un pescado de origen africano).

“Estamos entrando en una industria que antes era exclusivamente masculina -me dijo una sonriente Sigurgisladottir-, y eso es sintomático de lo que está ocurriendo en Islandia desde la crisis. Las mujeres están teniendo un papel mucho más activo en la economía, asumiendo más responsabilidad, y también nos apoyamos mucho más unas a otras, creando clubes de mujeres, aprovechando oportunidades más que nunca.”

Ayuda, continuó Sigurgisladottir, el hecho de que la sociedad esté estructurada de tal forma que, en Islandia, las mujeres no tienen que escoger entre el trabajo y la familia. Tanto desde el punto de vista cultural (al parecer, los vikingos se tomaban con bastante relajo que sus mujeres concibieran y se reprodujeran mientras ellos estaban lejos, dedicados a violar y saquear) como desde el de las leyes del Estado sobre custodia de los hijos y permiso de maternidad o paternidad, las mujeres islandesas han avanzado más que nadie. Según el último informe del Fondo Económico Mundial sobre igualdad de género, Islandia ocupa el primer lugar del mundo.

Las mujeres de Islandia habían alcanzado estos logros incluso antes de que la crisis financiera golpeara. Lo que ha ocurrido desde entonces es que han complementado la igualdad en el hogar y en el trabajo con un nuevo grado de influencia y autoridad en el corazón del poder político y económico. Siendo madre de tres niños de menos de ocho años, siendo la ministra responsable de educación, ciencia y cultura y la número dos en el partido de gobierno (lo cual hace pensar que es una probable futura primera ministra), Katrin Jakobsdottir es la Amazona diminutiva que encarna estos grandes cambios.

Fue ella la que me dio la respuesta a la pregunta que me había planteado al llegar a Islandia esta vez. El cambio más grande de los últimos años era que, efectivamente, los hombres sí estaban pensando más como mujeres. “Tener un gabinete con la mitad hombres y la mitad mujeres, y ahora con más mujeres, ha marcado la diferencia”, me explicó. “El centro de atención político cambia cuando hay más mujeres en el gobierno; quiero decir que hay una diferencia en lo que se debate. Por eso en estos últimos tres años ha ocurrido algo grande e importante, y en lo que no creo que haya posibilidad de dar marcha atrás. Hemos cambiado la naturaleza de la discusión.”

¿Gobierna la izquierda en El Salvador?


Le Monde Diplomatique, España

Representante del izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, ha estrechado, desde su elección en 2009, sus relaciones con Estados Unidos mientras rechazaba adherirse a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) y se distanciaba del Socialismo XXI.
En un gesto aún más significativo no asistió a la primera Cumbre del CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos) en Caracas los días 2 y 3 de diciembre de 2011. De ahí la pregunta: ¿está realmente gobernando la izquierda en El Salvador?

En octubre de 1980, ante la crisis social, la represión generalizada y la intransigencia política del gobierno de extrema derecha, cinco organizaciones guerrilleras y sus frentes de masas optaron por la vía armada. Así nació, en El Salvador, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) (1). Dos meses después esta guerrilla ya quiso buscar una salida política al conflicto: propuso un diálogo al gobierno estadounidense del presidente Jimmy Carter. Este no lo rechazó. Entonces llegó el asesinato de cuatro religiosas estadounidenses a manos de militares, el 2 de diciembre de 1980. La Casa Blanca se vio obligada a cortar las ayudas a la Junta gobernante, mientras funcionarios del Departamento de Estado se aproximaron al FMLN. Hasta que, el 21 de enero de 1981, Ronald Reagan tomó posesión como presidente de Estados Unidos. Dos días después ordenó redoblar el apoyo militar al gobierno derechista de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

La Internacional Socialista se ofreció como mediadora en el conflicto. El FMLN aceptó la propuesta. Washington presionó a la Junta para que no aceptase. Y el 28 de agosto de 1981 se produjo un imprevisto sin precedentes, que le dio otra connotación al conflicto: los gobiernos de Francia y México reconocieron al FMLN como “fuerza política representativa”. Washington no se inmutó, procediendo a lanzar una campaña de desprestigio contra los del FMLN. Se trató a sus miembros de “narcoterroristas”. El Departamento de Estado advirtió que si la guerrilla triunfaba El Salvador sería otra Camboya, pues sus dirigentes eran “polpotianos”.

En 1986 el gobierno de Reagan tambaleó al estallar el asunto “irangate” y el “contragate” (2). El asesinato de seis sacerdotes jesuitas a manos del ejército, el 16 noviembre de 1989, provocó una condena internacional unánime. La Casa Blanca, cuestionada a lo interno y con aliados desacreditados, aceptó la propuesta de Moscú: pidió al Secretario General de la ONU de involucrarse en la solución del conflicto. Entre tanto la oligarquía salvadoreña comprendió que las Fuerzas Armadas no derrotarían al FMLN. A su vez, la guerrilla constató que no podría vencer militarmente mientras Estados Unidos pertrechara y asesora al ejército. Ambas partes comprobaron, además, que la población civil empezaba a agotarse de la guerra. Y el nuevo escenario geopolítico internacional, surgido después del derrumbe de la Unión Soviética en diciembre de 1991, influyó sustancialmente. Todas estas circunstancias favorecieron la firma de los acuerdos de paz, el 16 de enero de 1992 en Chapultepec, México.

El número de víctimas de la larga guerra civil (1980 – 1992) se estima en unos 75 000 muertos y de 8 000 desaparecidos. No hay culpables porque una ley de amnistía, exigida por el ejército, permitió la impunidad. No existió reparación para las víctimas.

Reconvertido en partido político, el FMLN consiguió en las elecciones de marzo de 1994, victorias locales importantes (alcaldías) y amplia representación en la Asamblea Legislativa, convirtiéndose en la primera fuerza de oposición. En marzo de 2009, Mauricio Funes, un periodista de la CNN en español, simpatizante del FMLN -pero no combatiente- es elegido presidente. Toma posesión del cargo en junio. El FMLN hereda de ese modo los inmensos problemas sociales y económicos no resueltos por los gobiernos de derecha. Porque, aunque se hicieron importantes reformas políticas y militares, la justicia social, principal motivo de la guerra civil, se volvió letra mojada.

En ese conflicto Estados Unidos invirtió un millón de dólares diarios, pero para alimentar la paz ha dado limosnas. Si la guerra dejó al país cercano de la quiebra, las medidas neoliberales exigidas después por Washington multiplicaron la pobreza, aunque las cifras macroeconómicas sean positivas. En 2001, El Salvador adoptó el dólar como moneda oficial, y en 2003 firmó un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Este ha ido acabando con las medianas y pequeñas empresas, en especial las dedicadas al sector agrícola, al no tener posibilidad de competir con las producciones estadounidenses, cuyos productos de exportación están subvencionados.

Con apenas 6,5 millones de habitantes, el país tiene un 60% de sus habitantes en la pobreza. Y otro triste record: es uno de los países con mayor violencia, al tener más de 60 homicidios por cada 100 000 habitantes. Miles de armas quedaron en manos de la población, que ante la pobreza propiciaron las pandillas denominadas “Maras”, dedicadas a la delincuencia, criminalidad y el tráfico de drogas. Excluida socialmente, parte importante de la niñez y la juventud es fuente inagotable para las Maras.

La situación podría ser peor sin las “remesas familiares”. La guerra, pero en especial la miseria, han hecho que unas 2,5 millones de personas hayan emigrado. El 95% a Estados Unidos, considerado como el “Departamento 15” de El Salvador. El dinero enviado a los familiares constituye el 18% del Producto Interior Bruto (PIB), superando en captación de divisas a la exportación de café y a las fábricas de manufacturas, conocidas como ’maquiladoras’. Cada año, esas remesas representan unos 3 500 millones de dólares. Según datos de la organización Intervida, un 70% de las familias salvadoreñas reciben giros mensuales que oscilan entre 210 y 425 euros, cantidades que alcanza apenas para subsistir.

“La pobreza en El Salvador tanto rural como urbana, no ha aparecido en un año, y lamentablemente tampoco desaparecerá en ese período”, expresó el presidente Funes. Es cierto. Pero lo que viene realizando este gobierno son acciones más parecidas a la beneficencia, olvidando lo que ofreció durante las elecciones. No se crean vías alternas que permitan el desarrollo productivo de la economía. Además de ser un “colchón amortiguador” de más tensiones sociales, las remesas tienen un efecto estratégico en la política exterior salvadoreña: Para seguir contando con ellas no debe contrariar a Washington.

Según la información filtrada por WikiLeaks, la embajada estadounidense en San Salvador desarrolló una estrategia de seducción a Mauricio Funes. La primera acción fue una llamada que recibió del presidente Barack Obama, el 15 de marzo 2009, a pocas horas de ser elegido. En cables “secretos”, la embajada mencionó al Departamento de Estado la emoción, el éxtasis, que esto había producido en Funes. La segunda maniobra fue la presencia de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, a la investidura presidencial, el primero de junio. Ocho meses después, Funes fue recibido por Obama en la Casa Blanca, y en marzo 2011 el presidente estadounidense le devolvió la visita. Pocos entendieron qué tenía de importante El Salvador para que Obama lo incluyera en su primer viaje por América Latina, junto a Brasil y Chile. Altos mandos del Comando Sur, y el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos, Arturo Valenzuela, también visitaron a Funes.

Ha ido quedando claro que el coqueteo estadounidense busca, en lo interno, el rompimiento de Funes con los lineamientos del FMLN. En lo externo, alejarlo de la influencia política de Cuba, del presidente sandinista de Nicaragua, Daniel Ortega, pero en particular del venezolano Hugo Chávez y sus proyectos regionales. No se debe olvidar que justo el día de su posesión, el presidente salvadoreño anunció que restablecería las relaciones con Cuba, rotas medio siglo atrás. Por los cables de WikiLeaks se conoce que, durante su visita, Hillary Clinton dio a entender a Funes que en Washington no se vería bien que tomara ese camino.
Mauricio Funes no llevaba un mes como presidente, cuando el 28 de junio 2009 se produjo, en Honduras, el golpe de Estado contra su vecino, el presidente Manuel Zelaya. Sorprendentemente, el mandatario hondureño había decidido unirse a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), liderada por Venezuela y Cuba. Funes, entendiendo que podría correr la misma suerte, dejó en claro, pocos meses después, quiénes eran sus aliados estratégicos, manifestando que su gobierno no daría ni un solo paso hacia el ALBA, ni hacia el socialismo del siglo XXI (3). También empezó a repetir que una cosa es el FMLN y otra su gobierno.

Entre agosto 2003 y febrero 2009, El Salvador tuvo tropas en Iraq a pedido de Washington. Funes fue un acérrimo crítico de ello. Ahora el presidente salvadoreño ha decidido enviarlas a Afganistán… Al comienzo dijo que era en el marco de la resolución de la ONU, de octubre 2010. Pero cables de la embajada estadounidense, revelados por WikiLeaks, señalan que, tres meses después de haber asumido la presidencia, Funes ya lo había decidido junto a su ministro de Defensa, general David Munguía Payés. Entonces explicó que la OTAN quiso que algunos países colaboraran en la creación de una fuerza estabilizadora, y que Hillary Clinton le canalizó esa pedido. “Es una alianza estratégica la que tenemos con Estados Unidos y nos colaboramos mutuamente. De la misma manera en que Estados Unidos van a colaborar en el plan de seguridad” (4). Dentro de esa colaboración en seguridad, el 10 de diciembre 2010 ambos países firmaron un acuerdo para programas de seguridad fronteriza, operaciones y estrategia antinarcóticos, pandillas, etc.
Y esta colaboración trajo la renuncia de Manuel Melgar, ministro de Seguridad Pública. Fue sustituido por el ministro de Defensa, Munguía Payés, lo que provocó una serie de protestas de dirigentes del FMLN y de organizaciones de derechos humanos. Sostienen que ese nombramiento se hizo por presión de Washington y que viola la Constitución y los acuerdos de paz de 1992, porque lleva a la “militarización” del ministerio y de la Policía Nacional Civil. Funes respondió que “algunos sectores en la izquierda no han evolucionado lo suficiente y viven con telarañas ideológicas”. Pero días después, el 24 de noviembre de 2011, reconoció que Melgar no era del agrado de “algunos sectores políticos” en Washington. El ex ministro, cuando era comandante guerrillero, supuestamente participó en una acción donde murieron cuatro “marines” estadounidenses en un restaurante de San Salvador, en 1985. Por ello, Estados Unidos le tiene negado el visado. Fue notoria la ausencia de Melgar durante la visita del presidente Obama, y en la ceremonia de firma del programa de cooperación de seguridad pública con Estados Unidos, el 3 de noviembre de 2011.
Con Munguía Payés, ahora Estados Unidos tiene a alguien de confianza en un cargo estratégico, que debe llevar las relaciones con las numerosas agencias oficiales que funcionan en El Salvador. De ahí, a tener el control del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE), es un paso. El OIE es la institución –creada por los acuerdos de paz- encargada de informar al presidente Funes en materia política, económica, social y seguridad.

Aunque el FMLN sigue apoyando al presidente Funes, es evidente que importante sectores adelantan sus propios programas independientes del gobierno. El trabajo de organización con las bases va llevando a la implementación de proyectos sociales y económicos estructurales, no caritativos.

El más importante es la planta de almacenamiento de combustibles “Schafik Hándal”. Situada en el puerto de Acajutla, 85 kilómetros al suroeste de San Salvador, tiene el nombre del extinto líder del FMLN, quién iba a ser el candidato a la presidencia en las elecciones de 2009. En 2006, una veintena de municipios con alcaldías del FMLN sumaron capital y se asociaron a la estatal petrolera de Venezuela, PDVSA, creando la empresa “Alba Petróleo de El Salvador”. El propósito es vender combustible y lubricantes más baratos.
Éste es el primer acuerdo de cooperación energética no suscrito entre estados, dada la negativa del gobierno salvadoreño a integrarse en el ALBA. La planta es la más importante de Centroamérica, con capacidad para 350 000 barriles de combustible y 5 000 de gas licuado, por lo tanto podrá abastecer a otras naciones de la región. Se inauguró el 19 de mayo de 201. A pesar de su importancia estratégica, el presidente Mauricio Funes no asistió.

NOTAS:
1) El FMLN tomó su nombre del dirigente comunista Agustín Farabundo Martí (1893 - 1932), delegado del Socorro Rojo Internacional, y uno de los organizadores de la insurrección campesina e indígena de 1932. Ese mismo año fue fusilado por el ejército, sin juicio.
2) Se descubrió que buena parte de las operaciones militares contra el FMLN y el gobierno revolucionario Sandinista de Nicaragua se financiaban con dinero proveniente de la venta ilegal de armas al gobierno “enemigo” de Irán.
3) Léase: ¿Influye el golpe de Honduras en El Salvador? La Jornada, México, 1 de febrero 2010.
4) El Faro, San Salvador, 22 de agosto 2011.

http://hcalvospina.free.fr/spip.php?article383
(Este artículo ha sido publicado originalmente en la edición española de Le Monde Diplomatique, de abril 2012)

viernes, 13 de abril de 2012

Germán Sánchez Otero: “Fue brutal ataque contra embajada de Cuba en abril de 2002″


Hoy jueves 12 de abril, en el teatro Principal de Caracas, en la capital venezolana, Germán Sánchez Otero presentará su libro Abril sin censura, prologado por el periodista venezolano, entonces Ministro de Defensa durante el golpe mediático de abril de 2002, José Vicente Rangel.
En entrevista telefónica con el programa radial La Brújula del Sur que transmite la emisora Alba Ciudad 96.3 FM, Germán Sánchez Otero, ex embajador de la República de Cuba en la República Bolivariana de Venezuela durante los sucesos de abril de 2002, cuenta que “el día 11 por la noche, hubo una agresión contra la residencia del embajador muy brutal. Tres personas intentaron entrar al edificio de la residencia con pistolas en la mano y lógicamente recibieron una respuesta inmediata, que era la única posible para defender ese territorio cubano. Un compañero con una ametralladora disparó al aire para tratar de que no ingresaran. Esto provocó una estampida inmediata”.
Durante el golpe de Estado de abril de 2002 contra el gobierno del presidente Chávez, la embajada de Cuba fue rodeada por fanáticos histéricos por la transitoria victoria del golpe de estado. El exiliado cubano Salvador Romaní (ex agente de la policía del dictador Fulgencio Batista) y el abogado venezolano Ricardo “Cañita” Koesling, promovieron el asalto que duraría 5 días.
Los sucesos de aquellos días demostraron la violencia del ataque y el coraje de los que, desde el interior de la embajada, soportaron la arremetida. El regreso del presidente Chávez al poder, el 13 de abril, puso punto final al asedio.
Todavía resulta impactante la declaración del entonces embajador cubano cuando dijo que las personas que atacaban la embajada estaban siendo manipuladas por miembros de la mafia anticastrista de Miami, con la intención de ingresar violentamente.
“Fuimos víctimas, como todo el pueblo de Venezuela, de aquel zarpazo fascista”, recuerda Germán Sánchez Otero. “Hubo intrigas y manipulaciones mediáticas y políticas de la contrarrevolución venezolana, en coordinación con el Departamento de Estado, la CIA y la llamada Fundación Nacional Cubano-Americana”.
Eso los obligaría a reaccionar como lo haría su pueblo en caso de ser agredido: defenderían ese pedazo de tierra hasta con sus propias vidas. Y eso no era un discurso. Eso era así. Esa declaración es escalofriante, incluso hoy día. “Los cubanos no hacemos discursos. Lo hemos demostrado muchas veces. Yo los invito a evitar una tragedia”, le decía el embajador al ahora candidato de la derecha a las presidenciales.
Ese asedio es una prueba fehaciente del talante “democrático” de Henrique Capriles Radonski que, con su indiferencia y contradiciendo al embajador cubano, alentó los hechos violentos contra hombres, mujeres, niñas y niños que se preparaban para lo peor de la arremetida fascista de la derecha venezolana.
“Nos dieron un ultimátum. Después, otro grupo aseguró que quería dialogar de manera pacífica y nosotros accedimos a ese diálogo para evitar una tragedia. Capriles Radonski ingresó a la embajada bajo mi autorización, porque de otra manera no habría podido hacerlo. Él no hizo nada para que esa gente que estaba afuera de la embajada se retirara”, recuerda Sánchez Otero.

jueves, 15 de diciembre de 2011

DECLARACIÓN DE LAS Y LOS PARTICIPANTES EN EL VI FORO INTERNACIONAL DE FILOSOFÍA DE VENEZUELA ESTADO, REVOLUCIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE HEGEMONÍA


La actual crisis del sistema capitalista mundial es la más grave de su historia, en vista del alcance planetario del empobrecimiento y la exclusión de las mayorías, la devastación y la contaminación de los ecosistemas y la exacerbación de las guerras de rapiña del imperialismo; todo lo cual ha provocado levantamientos masivos en Estados Unidos, Europa, el Norte de África y el Medio Oriente.
Condenamos la agresión contra el pueblo de Libia por las fuerzas de la OTAN y el magnicidio contra su presidente. Estamos en contra de toda intervención extranjera en Siria y a favor de que sean los propios pueblos los que decidan su futuro. Rechazamos el genocidio del pueblo palestino por el gobierno sionista de Israel, la agresión contra Irak, la negación del derecho del pueblo Saharahui a su autodeterminación y la amenaza de desatar una guerra contra Irán. Los conflictos en curso en estas y otras naciones evidencian la exacerbación de la barbarie imperial contra los pueblos del mundo.
Conjuntamente con la proliferación de bases militares y las guerras de ocupación, la nueva estrategia imperial incluye la esclavización de las mentes y el corazón de las personas, mediante la llamada Guerra de Cuarta Generación. Cada día es más contundente la certeza de que sin ganar la batalla de las ideas corremos el peligro de perderlo todo.
En su estado actual, la crisis vuelve a desafiarnos y a exigirnos luchar, luchar y luchar en el campo de las ideas y en una praxis que, en lo concreto, garantice el camino al desarrollo pleno de la humanidad. Sin demoras.
Es hora de un gran movimiento mundial por la revolución del pensamiento. Las y los participantes de este VI Foro Internacional de Filosofía, declaramos nuestro compromiso con la emancipación de nuestros pueblos. Además de analizar la realidad nos hemos comprometido a transformarla desde nuestras trincheras. No vamos a quedarnos callados… estamos aquí para contribuir con nuestro pensamiento y nuestra praxis, hombro a hombro con los pueblos que hoy luchan por la preservación de la vida y la emancipación definitiva de la dominación capitalista.
Hemos debatido acerca de la urgencia de avanzar hacia la construcción de una nueva hegemonía y una nueva subjetividad. Esto implica ganar la batalla de la verdad contra la mentira; ganar la batalla del humanismo socialista contra la degradación que el capitalismo impone a los seres humanos y al planeta; alentar la hegemonía de la hermandad y la fraternidad contra el individualismo burgués; afianzar la hegemonía de la equidad contra las desigualdades; garantizar la hegemonía de la justicia social contra las injusticias… afirmar todas las fuerzas del humor, el respeto y la alegría.
Hemos analizado el papel de los Estados gobernados por revolucionarios en el escenario de la presente crisis y lo hemos identificado con responsabilidades y tareas irrenunciables, como motor indispensable, inclusivo y acelerador de la transición hacia el socialismo. Lo entendemos en su misión histórica de garantizar a la humanidad sus derechos y hemos debatido sobre el ser de un Estado que sólo cobra sentido con la participación directa de las bases, de los movimientos sociales y como su expresión más fiel y obediente.
Compartimos la extensión y la profundidad del clamor mundial contra el burocratismo que recorre todos los rincones del sentir social. Este burocratismo amenaza con desmoralizar, decepcionar, desmovilizar a los pueblos en beneficio de sus enemigos. Advertimos el peligro de que nuestros gobiernos se transformen en administradores de la crisis y no avancen hacia la transformación social. Demandamos un Estado comprometido con la ruptura de la lógica del capital y la emancipación de la humanidad.
UNASUR, PETROCARIBE, el ALBA-TCP y la reciente creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) constituyen hitos fundamentales en los procesos de transformación e integración emprendidos por los países de Nuestra América. Se trata de blindarnos contra los estragos del capital y garantizar la Paz, la Democracia y el bienestar de nuestros pueblos. Su creación constituye un precedente histórico importante para la construcción de mecanismos similares de integración en África, Asia y otras regiones del mundo.
Celebramos el restablecimiento pleno de la salud del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Comandante Hugo Chávez Frías, así como el liderazgo político de Venezuela, la confianza moral y el respeto que inspira para concitar el encuentro de mandatarios, líderes sociales, intelectuales y pensadores de todo el mundo.
Hacemos votos porque el pueblo de Venezuela sepa que las y los trabajadores del pensamiento, nacionales e internacionales, participantes en este VI Foro, declaramos nuestra solidaridad con la Revolución Bolivariana en la construcción del socialismo y entendemos claramente que tenemos un lugar en el corazón de sus luchas. El mundo necesita el mensaje poderoso de la vitalidad democrática que crece en Venezuela y que se ratificará el próximo siete de octubre con la consolidación del proyecto socialista.
En Caracas, Venezuela, a los cinco días del mes de diciembre del año dos mil once.
María Mercedes Molina (Argentina), Juan José Bautista (Bolivia), Daniel Rodrígues (Brasil), Marta Harnecker (Chile), Ligia Machado (Colombia), Justo Soto Castellanos (Colombia), Aurelio Alonso (Cuba), Pablo Guadarrama (Cuba), Mely González Arostegui (Cuba), Félix Valdés García (Cuba), Juan Paz y Miño (Ecuador), Ramón Torres Galarza (Ecuador), Carlos Molina (El Salvador), Luis Alvarenga (El Salvador), Mireille Fanon Mendès-France (Martinica/Francia), Enrique Dussel (México), John Saxe Fernández (México), Fernando Buen Abad (México), José Manuel Moncada (Nicaragua), Emilio Pérez Cháves (Paraguay), Ana Maria Valencia (Perú), Elvis Arapa Díaz (Perú), Héctor Díaz-Polanco (Rep. Dominicana), Yamandú Acosta (Urugauy), Mario Sáenz (Estados Unidos), Nelson Maldonado-Torres (Estados Unidos), Ann Ferguson (Estados Unidos), Eduardo Mendieta (Estados Unidos), James Cockcroft (Estados Unidos), Michael Lebowitz (Canadá), François Houtart (Bélgica), Luis Alegre Zahonero (España), Carlos Fernández Liria (España), Santiago Zabala (España), Daniel Iraberri (España), Juan Carlos Monedero (España), Alfredo Gómez-Müller (Francia), João Maria André (Portugal), Catarina Almeida (Portugal), Miguel Urbano (Portugal), Youcef Saiah (Argelia), Serge Gougbèmon (Benin), Honorat Aguessy (Benin), Issa N’Diaye (Mali), Mohamed Ag Akératane (Mali), Thierno Diop (Senegal), Nalini Rajan (India). Por Venezuela: Pedro Calzadilla, Pável Rondón, Farruco Sesto, Eddy Córdova, Miguel Angel Contreras, Andrés Bansart, Chela Vargas, Víctor Alvarez, Gabriel Jiménez Emán, Néstor Francia, Iván Padilla Bravo, Giulio Santosuosso, Gustavo Fernández, Livia Vargas, Modaira Rubio, María Elena Rodríguez, Germán Yépez Colmenares, Carmen Bohórquez, Luis Felipe Bellorín, Shirley Fernández, Lino Morán, William Vanegas, Agustín del Moral, René Arias, Johán Méndez, Juan Romero, Roger Lázaro, Steven Bermúdez, José Javier León, Belín Vásquez, Omar Muñóz, Alexis Romero Salazar, Teresa Gamboa, Haydée Ochoa, Imelda Rincón, Antonio Castejón, Mireya Pérez, Roberto López, Roberto Jiménez Maggiolo, Morelis Gonzalo, Claudio García Soto, Angel Bustillos, César Prieto Oberto, Verónica Pirela, Ruth Jiménez, Jakeline Suárez, Wolfgang Villarreal, Orlando Villalobos, Javier Parra Olivares, Berta Vega, Vignny Moreno, Luz Neira Parra, Esther Macías,

viernes, 9 de diciembre de 2011

JUSTICIA TRIBUTARIA


Que pague más impuestos quien más ingresos recibe

Las condiciones económicas del Estado salvadoreño así como las condiciones sociales de la población obligan a una reestructuración del sistema tributario regresivo que se ha venido aplicando hasta ahora en nuestro país. En este sentido las organizaciones abajo firmantes, aunque todavía la considerada muy liviana, respaldan la propuesta que hace el gobierno para llevar a cabo una reforma fiscal más justa para los y las salvadoreñas, con base en los siguientes aspectos:
  1. La carga tributaria en El Salvador, es decir, la parte del PIB que capta el gobierno a través de los impuestos, es apenas de un 15%,1 una de las más bajas de América Latina; Brasil y Venezuela, por ejemplo, tienen cargas tributarias superiores al 30%.
  2. Del poco dinero que el gobierno recauda, el 82% proviene de impuestos que paga la población asalariada (IVA, aranceles, impuestos selectivos, renta salarial y otros) y solo el 18% lo pagan los grandes y medianos empresarios,2 en concepto de renta sobre sus utilidades, aún y cuando este sector capta el 60% de la riqueza que genera el país, contra un 25% de la gente asalariada3 y un 15% del gobierno. En otras palabras, tenemos un gobierno que recauda poco y que obtiene la mayor parte de sus ingresos a través de impuestos que paga la población de menos recursos. El Salvador, desde el punto de vista fiscal, vive una inmoral e injusta realidad: los sectores más ricos aportan menos, que la mayoría pobre.
  3. Los grandes empresarios, que aportan muy poco al fisco, evaden cada año alrededor de 1,500 millones de dólares del IVA que cobran y no le envían al gobierno, y de otras acciones fiscales que podrían reñir con la ley.4 Además, en los últimos diez años han sacado del país un promedio de 1,560 millones, para crear empresas o depositarlos en bancos del exterior5.
  4. El gobierno ha hecho un gran esfuerzo por elevar sus ingresos, sobre todo para cumplir con el pago de la enorme deuda heredada de los gobiernos anteriores y para invertir más en el área social, sobre todo en educación, salud y obras públicas, donde se verifican algunos logros importantes. Pese a ello, el déficit fiscal sigue siendo alto, 4.5% del PIB y el gobierno está comprometido a bajarlo a 2.5%.
  5. Para obtener más ingresos, el gobierno presentó a la Asamblea Legislativa un proyecto de medidas fiscales en el que propone aumentos en los impuestos a los sectores más adinerados del país. Entre otras cosas, el gobierno busca subir de 25% a 30% el impuesto sobre las utilidades de las empresas, ponerle un impuesto a los dividendos de los accionistas de las empresas y elevar la renta que pagan las personas con salarios mayores a los 4,064 dólares al mes, o sea, las personas que ganan en un mes, lo que una familia que recibe mensualmente dos salarios mínimos, ganaría en aproximadamente un año.
  6. Otra medida consiste en que las personas con salarios de hasta 503 dólares al mes no paguen renta ni tengan retenciones. Esta última medida beneficiaría a más de 82,000 personas, pues en este momento la renta se paga sobre un salario mayor a los 209 dólares al mes. Sobre este punto, sugerimos que en el caso de las mujeres paguen renta las que reciben un salario de más de 700 dólares al mes6.
  7. Las medidas fiscales, aunque insuficientes, son justas, pues no afectarán al pueblo y elevarían la recaudación del Gobierno desde el aporte que pueden y están en capacidad de dar, las personas que más dinero tienen, que es como en justicia debió haber sido siempre. Las únicas medidas que deben modificarse son el impuesto a la renta de las mujeres asalariadas y el impuesto sobre las utilidades de las empresas, que no debería ser generalizado, sino que debería recaer sobre las empresas que más ganan, que son las grandes. Un cambio podría ser que se le cargue el 30% a las ganancias que superen los 2 millones de dólares y que lleguen hasta los 10 millones de dólares, y que se les cargue el 35% a las que ganan más de 10 millones de dólares, como es el caso de algunos bancos y oligopolios.
La justicia tributaria consiste en que pague más impuestos quien más ingresos recibe. No se trata de castigar al progreso de quienes han sido exitosos y exitosas en su labor empresarial, tal como lo afirma la más ortodoxa representación del empresariado salvadoreño, cuyo eco resuena también en no pocos editoriales que buscan justificar lo injustificable. Se trata de un principio básico de justicia que se les ha negado históricamente a los sectores populares. Las medidas que propone el gobierno van en esa dirección. Esta es la misma demanda que en 1980 Monseñor Romero le hizo a la oligarquía: “Hay que saber quitarse los anillos para que no le quiten los dedos”.
Demandamos a la Asamblea Legislativa, que en aras de los intereses nacionales, apruebe las medidas sugeridas por el gobierno, con un cambio en el punto sobre la renta empresarial y salarial, para que mejore la inversión social que tanto necesita el país. El sistema debe cambiar, la crisis del capitalismo no deben cargarla más los pobres.


San Salvador, Diciembre 2011.
2 BCR. Ibidem
3 Ministerio de Economía. “Censo Económico 2005”
4 BID y BM. “El Salvador: Evaluación del Gasto Público” 20- 22 de septiembre, 2010
5 BCR. “Revista Trimestral octubre-diciembre de 2010”

6 Es una acción afirmativa, que lejos de violentar la igualdad jurídica, la refuerza en reconocimiento a las condiciones de inequidad en el tratamiento histórico a las mujeres.